Hoy nuestra sociedad colombiana refleja la necesidad de una educación ambiental que persista en los conocimientos, actitudes, comportamientos y hábitos frente al ambiente orientados a conseguir que la humanidad cambie su clásica concepción de que la naturaleza es un elemento pasivo y complaciente, que se regenera automáticamente, porque es un bien infinito, siempre disponible para satisfacer los caprichos del ser humano.
Una huerta escolar es un espacio delimitado, preparado
para la siembra de vegetales, pero puede ser una estrategia pedagógica, para
fomentar el conocimiento del ambiente, la investigación, los valores
ambientales y sociales, la creación de nueva ciudadanía y la generación de
inquietudes y soluciones a problemas en nuestros estudiantes, con el fin de entender la relación que hay entre medio ambiente y los
factores que influyen en él, provocando que se planteen nuevas formas de cuidar y
preservar los recursos naturales.
Los nuevos sistemas educativos escolares, hacen que los
docentes busquemos nuevas herramientas didácticas pedagógicas para que el
estudiante use como medio de aplicación de sus conocimientos y pueda vivenciar
desde la realidad de su contexto la comprensión de saberes interdisciplinarios
de las diferentes áreas de estudio para ejercer un mayor compromiso y
responsabilidad en su labor educativa; permitiendo con ello la convivencia y la
reciprocidad del proceso educativo.